La figura se presenta con una fragilidad inusual, como si estuviera en proceso de aparecer o de desvanecerse. A diferencia de otras piezas donde la materia se acumula con violencia, aquí la pintura respira: los trazos son ligeros, las capas translúcidas, y el cuerpo parece suspendido en un espacio donde el límite entre figura y fondo se diluye.